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Otra verdad sobre la conquista del Everest

Otra verdad sobre la conquista del Everest

¡Hola! Hoy quiero compartir con ustedes una historia que me ha parecido muy interesante y que nos brinda otra visión de un acontecimiento histórico. Primero, debo decirte que en la escuela donde estudié la primaria se fomentaba en los alumnos el hábito de la lectura desde muy temprana edad. Recuerdo que antes de terminar el sexto grado, ya había leído la colección completa de novelas del escritor italiano Emilio Salgari; en mi imaginación, ya había navegado por las aguas del caribe con el Corsario Negro, había conocido la India en compañía del valiente Sandokan y recorrido las planicies del “Far West” perseguido por los apaches. Sin embargo, había otros libros que llamaban poderosamente mi atención, aquellos que narraban las grandes aventuras de la humanidad. Recuerdo particularmente uno, que reseñaba diversas expediciones que eran consideradas como verdaderas hazañas del hombre, profusamente ilustrado con fotografías en blanco y negro. En él conocí como Walter Beebe había descendido a las profundidades del mar en la “batisfera”, una esfera de acero capaz de soportar la inmensa presión del fondo marino; también supe cómo Thor Heyerdahl había cruzado el océano Pacífico en una balsa de madera para probar que los navegantes de la antigüedad podían haberlo hecho; o bien, como Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay habían escalado la cumbre más alta del mundo, el monte Everest, por primera vez, venciendo toda clase de adversidades.

 

Es esta última historia, la conquista del Everest, la que quiero retomar en estas líneas. Desde que la conocí de niño hasta hace unos cuantos meses, siempre creí que esa hazaña había sido producto exclusivo del valor, empeño y fortaleza física de Hillary y Norgay, apoyados por toda una impresionante logística, digna de una campaña militar. No quiero decir que estos atributos no hayan sido fundamentales para alcanzar la cima, pero recientemente tuve la oportunidad de leer un libro que me pareció muy interesante y que nos revela el papel fundamental que tuvo la ciencia en el éxito de la expedición inglesa al Everest en el año de 1953.

El libro al que me refiero es Everest - The First Ascent: How a Champion of Science Helped Conquer the Mountain, (Everest - El Primer Ascenso: Como un Campeón de la Ciencia Ayudó a Conquistar la Montaña) de Harriet Pugh Tuckey publicado en mayo del 2013. En este libro la autora, hija de Griffith Pugh narra la historia de cómo se enteró del papel que había jugado su padre en la expedición inglesa de 1953, que concluyó con la conquista del Everest el 29 de mayo de 1953 y cómo decidió investigar qué había hecho su padre en esa expedición, que había contribuido a la conquista de la montaña más alta del mundo.

 

Cómo lo dijo el Dr. Michael Ward, médico de la expedición, antes de mayo de 1953, once expediciones habían intentado sin éxito conquistar la cima. Esas expediciones habían incluido a grandes líderes, a los mejores alpinistas de la época y habían contado con todo el apoyo de los gobiernos de los países que organizaban la expedición. Sin embargo, todas ellas habían fracasado y la cumbre del Everest seguía siendo inalcanzable. La expedición británica de 1953 contó con la participación de un héroe desconocido Griffith Pugh, médico y fisiólogo, a quien nunca se le reconoció su participación, sino hasta 50 años después, durante el banquete de conmemoración del ascenso en la Real Sociedad Geográfica del Reino Unido.

Originalmente reclutado como asesor en el ámbito de la fisiología humana en 1952, Pugh se conviritió en el verdadero líder de la expedición, pues fue él quien tomó las decisiones científicas fundamentales que culminaron con la llegada de Hillary y Norgay al punto más alto sobre la tierra. Ahora bien, su participación no fue nada fácil, pues tuvo que enfrentarse a la oposición, agresión y el ridículo por parte de un grupo de alpinistas y militares que se creían semidioses y los únicos con la capacidad y los conocimientos para dirigir una exploración que buscara conquistar la montaña más alta del mundo.

 

Las aportaciones de Pugh se dieron primordialmente en el ámbito de su competencia, la fisiología humana, pero se extendieron mucho más allá y fueron tan importantes y valiosas, que los alpinistas modernos siguen usando muchos de los principios planteados por él. Pugh redefinió el papel que debía jugar el uso del oxígeno en el intento por conquistar la montañas por arriba de los 8,000 metros de altitud, llegando incluso a participar en un diseño optimizado del equipo usado para proporcionar ese gas a los alpinistas. Esto lo hizo con base en experimentos científicos que realizó en cámaras hiperbáricas y a bajas temperaturas para simular las condiciones que encontrarían los alpinistas en la montaña. De esta manera, cambió totalmente la forma en que se realizaba el montañismo de grandes altitudes en el mundo. Este simple hecho hubiera sido suficiente para convertir a Pugh en una personalidad del montañismo, pero no se limitó a esto. El fisiólogo inglés rediseño gran parte de los equipos que usaban los alpinistas de esa época, hizo botas impermeables y aislantes del frío; rediseño las colchonetas sobre las que dormían los alpinistas y modificó las tiendas de campaña para hacerlas resistentes a los fuertes vientos de la montaña. En otros ámbitos más relacionados con la fisiología del ser humano en grandes altitudes, fue el primero en proponer que los alpinistas tenían que tener un proceso de aclimatación paulatina a la altura para poder tener éxito; estableció normas de higiene en la preparación y manejo de los alimentos de los miembros de la expedición; hizo énfasis en la necesidad de los alpinistas de mantenerse hidratados durante el ascenso, lo cual fue una de las claves más importantes en esa y en futuras expediciones; finalmente, Pugh diseñó un programa de acondicionamiento físico para los alpinistas que potenciaba sus probabilidades de enfrentar exitosamente el ascenso de la montaña.

 

Como podrás ver, las aportaciones de Griffith Pugh a la conquista del Everest son impresionantes, por lo que es una verdadera pena que aún hasta la fecha no se le dé el reconocimiento que merece. Si quieres pasar un rato agradable y aprender mucho sobre la aplicación de la ciencia en la conquista de la montaña más alta del mundo, te recomiendo que leas este libro.

 

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